¿Sustituye el periodista ciudadano al periodista profesional?

Las posibilidades tecnológicas hacen que hoy día cualquier persona publique contenido informativo en las redes sociales, llevando a pensar que el periodismo como profesión está en extinción o, por lo menos, se ha convertido en uno de los oficios más fáciles de "piratear".  

Es notoria la cantidad de contenidos que publica el ciudadano común en las redes sociales (y que los mismos medios y periodistas profesionales redifunden). 

Desde diversos lugares -incluso sin la presencia de reporteros- , cualquier persona que sea testigo de un hecho noticioso, y disponga de las herramientas tecnológicas para registrarlos en fotos o videos, puede difundir esa información y hacerla viral en internet. Pero, ¿puede el ciudadano común sustituir al periodista?

Las nuevas plataformas y redes sociales, como los blogs, Twitter, Youtube e Instagram, entre otras,  generan la sensación de que cualquiera puede cumplir el rol del periodista. En consecuencia, surge un nuevo concepto: el periodista ciudadano, cuyo rol  ha venido a confundirse con la función del periodista digital profesional. Así parece.

Pero nada más lejos de la realidad. El periodista estadounidense Dan Gillmor, considerado el padre del periodismo ciudadano, refirió que este fenómeno “puede incluir desde la creación de un blog personal en Internet, el envío -a una comunidad grande o pequeña- por correo y redes sociales de fotos y videos sobre algún tema importante, hasta la creación de una página web de noticias".

Se trata de una actividad comunicativa horizontal (entre ciudadanos) empleada para la difusión de ideas, opiniones e informaciones, en distintos soportes (textos, imágenes, audio, video, ilustraciones) y a través de las nuevas tecnologías.

También incluye la práctica, habitual entre algunos medios de comunicación tradicionales, de ofrecer la oportunidad a su audiencia de participar como periodistas o de difundir la información recopilada por el lector. 


Sin embargo, para Adam Tintworth, el término "periodista ciudadano" no es exacto, pues a su juicio la mayoría de los internautas se preocupa más en usar las herramientas digitales para “publicar fotos de los bebés, los gatos, memes y citas inspiradoras”; mientras el llamado “periodista ciudadano” nació porque había que ponerle un nombre a alguno que otro “entusiasta en línea”, que quería dedicarse a esta profesión. 



El experto, quien rechaza la idea de que una persona sea llamada periodista por dedicarse a hacer una labor similar al periodismo, destaca el trabajo que aportan, el cual contribuye con la labor periodística de los medios, mediante la publicación de videos, informaciones, fotos, aunado al hecho de estar presentes en diversos eventos de interés.


Luis Carlos Díaz, experto en redes sociales, prefiere usar el término comunicación ciudadana o infociudadanía  para referirse a este fenómeno, pues "la gente utiliza la web para comunicarse, para compartir, y solo de vez en cuando publica noticias". Se trata de práctica comunicativa autónoma, descentralizada y espontánea.

El investigador venezolano Andrés Cañizález, explicó que esta modalidad de participación ciudadana es “prima hermana” de la comunicación comunitaria. “En el fondo hablamos de lo mismo (…) Es el empoderamiento de los ciudadanos”.

Las crisis: impulsoras de la infociudadanía

Luis Carlos Díaz (Foto: Internet)

Muchos autores resaltan el hecho de en momentos de crisis cambia la tendencia del público, el cual ya no se limita solamente a difundir contenidos personales, sino que se dedica a compartir, captar y  crear más contenidos noticiosos.

Es en las crisis sociales donde mayor cantidad de ciudadanos se tornan activos en cuanto al registro y difusión de información importante. 

La crisis político-social venezolana de los últimos años es un ejemplo claro de ello. De ahí el avance de la infociudadanía en Venezuela,  dado el auge de la censura, la autocensura, las manifestaciones y las protestas callejeras. 
Así como Venezuela, muchos países han visto el impulso tomado por esta tendencia, en medio de situaciones extremas de protestas, manifestaciones de calle y guerras civiles: la situación en Siria, Irak y el Medio Oriente son algunos casos. 


¿Amenaza para el profesional de la comunicación?



Luis Carlos Díaz observa que los infociudadanos -productores y consumidores de información de las nuevas tecnologías- se han multiplicado por millones y compiten con los medios tradicionales. 

“Buscas en Google una noticia y a la par de los grandes medios encontrarás blogs”.

Considera que el surgimiento de mecanismos de participación electrónicos dentro de los medios tradicionales es una forma de no quedarse fuera de la dinámica tecnológica. “Ellos participan, pero dentro de mi corralito”, sería la postura de los grandes medios.

Frente a una realidad que despoja a los medios tradicionales del monopolio de la noticia, muchos se preguntan sobre el futuro del periodista profesional. 

Tintworth resalta tres tipos de individuos que existen en la red: 
  • Los periodistas profesionales, personas que han estudiado este oficio en una universidad y se les paga para hacer periodismo.
  • Los periodistas amateurs, que son aquellos  que hacen periodismo gratis.
  • La gente común, algunos que, de vez en cuando, van a hacer algo que pueda ser llamado “periodismo ciudadano”.
El autor opina que los dos últimos jamás serán competencia para el periodismo profesional, ya que el producto que realice un ciudadano se convierte en “una fuente informativa” para el periodista profesional. La verificación y el contraste de la información siempre estará a cargo de los periodistas, labor que los distingue desde un principio.

William Echeverría, ex presidente del Colegio Nacional de Periodistas (CNP) de Venezuela, aseguró que el trabajo de los ciudadanos y de los profesionales de la comunicación debe complementarse, “formar una llave”.
“El periodismo profesional va a tener cabida siempre que se adecúe a los nuevos tiempos y se reinvente con el avance de las nuevas tecnologías”.
Cañizález apunta que los medios no serán sustituidos por el periodismo ciudadano, sino complementados en la medida en que los comunicadores profesionales lo aprovechen como insumo para abordar nuevas temáticas. 

Por su parte, Tintworth  descarta que el periodismo ciudadano sea una amenaza debido a que “no es una competencia”, aunque asegura que sí será de cuidado para los reporteros “perezosos”, aquellos que realicen un pésimo trabajo. 

Díaz comparte la idea cuando apunta que la comunicación ciudadana solo es una amenaza para el periodismo viciado.  



A juicio de Echeverría, el periodismo ciudadano requiere de maduración, pero sobre todo de mucha conciencia sobre la gran responsabilidad de manejar información.

Cañizález recuerda que no existe ninguna regulación específica -ni deontolónica, ni legal- para esta modalidad de comunicación. Por tanto, si alguno de los infociudadanos incurre en algún delito de opinión (difamación, injuria, vilipendio) este sería juzgado según las leyes generales, como el Código Penal.

Más allá de las posibilidades de excederse en el ejercicio de la libertad de expresión o de las carencias de las que padezca actualmente, este tipo de comunicación es un buen ejemplo de democratización de la información y de empoderamiento ciudadano.

Para la sociedad es beneficiosa (en especial la venezolana) -señala Cañizález- por cuanto ayuda a “dar mayor pluralidad al ámbito comunicacional en medio de la fuerte polarización entre los medios privados y públicos”.



Comentarios

Entradas populares de este blog

Los memes en periodismo: algo más que un chiste

Escritura digital: críticas a la pirámide invertida

La vieja y querida pirámide invertida