Los comentarios digitales: ¿ruido o información?



Una de las diferencias más destacadas -y alabadas-  entre el periodismo tradicional y el periodismo digital es la posibilidad que tiene el lector de hacer comentarios y agregar información. Esta posibilidad, definida como interactividad participativa, ha sido vista como fundamental en el periodismo 2.0, concebido justamente  a partir del momento en que el receptor de la información deja de ser pasivo para ser más activo en el proceso de comunicación.

Glenda González


Siguiendo esta tendencia, los medios digitales comenzaron a abrir espacios, pidiendo al público que dejara su comentario, que participara. Nace así lo que para algunos expertos es un nuevo género periodístico, aunque para otros es sólo parte del contenido. Lo cierto es que -nuevo género o no- se trata de un elemento con el que se tuvo que aprender a lidiar.

En los primeros tiempos de los medios digitales solo observábamos tímidos comentarios, pues los lectores no estaban muy acostumbrados a la posibilidad de comentar y hasta difundir noticias, y las plataformas tecnológicas y humanas del medio tenían mayor facilidad para controlar los mensajes.

Hasta hace poco era usual observar que cada medio digital permitía los comentarios del público de forma moderada, emitiendo formularios digitales de llenado y envío obligatorio para quien quisiese comentar. Así, un moderador de debates recibía los mensajes, los editaba y publicaba (o no) de acuerdo a ciertas normas establecidas por el medio. 

Sin embargo, con el desarrollo de los medios digitales y el auge de las redes sociales, el periodismo participativo tomó forma y la audiencia tuvo un rol más activo en el proceso de producción de noticias. El número de comentarios de los lectores comenzó a aumentar rápidamente, por lo que los moderadores no dieron abasto en esta labor. 




El público se habituó a comentar, y más allá de eso, comenzó a discutir y hasta a pelear e insultar; aparecieron el ciberacoso, la difamación y la injuria virtual, los trolls y los replicadores de spam. Se abrió una caja de pandora y la sección de comentarios dejó de ser algo sencillo de manejar. 


Muchos medios optaron por hacer una post-moderación, usando un sistema de gestión de contenidos que filtra los comentarios y los clasifica en tres grupos: publicados, eliminados y dudosos; solo estos últimos son revisados por un moderador humano que determina si pueden publicarse o no. 

Otros prefirieron eliminar los comentarios de sus notas, considerándolos ruido comunicacional, en virtud de que los mensajes insultantes, escritos en lenguaje grosero y soez, no enriquecen ningún debate, sino que se traducen en críticas destructivas.


Aún así, lejos de desaparecer, la tendencia más común de los últimos años ha sido configurar la publicación de comentarios a través de las redes sociales -principalmente Facebook- logrando con ello que cada comentario  se publique de forma simultánea en el medio y en el perfil de quien comenta. 

Con esta técnica el medio se deslinda del manejo de los comentarios y elimina la función del moderador de comentarios, perdiendo el control sobre lo comentado y desentendiéndose del tema. Ahora, los comentarios no desaparecen de la información, pero no son controlados por el medio, ni por ningún tipo de moderador salvo lo permitido por la red social; y como la conversación se traslada a las redes sociales, los insultos y las peleas entre los lectores (que muchas veces no tienen nada que ver con la información) son más notorias.

La reflexión de muchos es la siguiente: "¿por qué permitir que todo ese ruido forme parte del contenido? Uno de los argumentos a favor es que a mayor número de comentarios, mayor tráfico y mayor tiempo en página. Métricas que contribuyen a que los anunciantes valoren ese medio para sus campañas publicitarias. No obstante, la visión contraria lleva a dar prioridad a la calidad y no a la cantidad del contenido".


Muestra de ejercicio democrático o tergiversación del trabajo periodístico  


El académico argentino Julio Sal Paz definió al  comentario digital como un "género interactivo prototípico de los nuevos medios", considerándolo como una "unidad terminológica que aglutina diferentes manifestaciones periodísticas (diarios virtuales, weblogs, redes sociales, entre otros) emanadas en el seno de la cibercultura" (2010)

Desde la perspectiva de este concepto, el comentario es característico del medio digital y por tanto es algo con lo que se tiene que aprender a trabajar, guste o no, tal como afirman muchos defensores, quienes además aducen que no sólo se trata de tráfico y métricas, sino de fomentar la participación, hacer ejercicio democrático, enriquecer debates y crear una comunidad en torno al medio. 

Lo anterior tiene que ver con la idea de que con la irrupción de la web 2.0, el género del comentario digital es una vía de participación espontánea en el marco del sistema democrático. Sin embargo, autores como Pierre Levy afirman que "para que las intervenciones de los miembros de las comunidades virtuales sean compatibles con la democracia deben garantizar la deliberación, el debate y el pensamiento crítico". 


En consecuencia, "lo significativo no es solo enunciar, sino hacerlo en un plano de respeto hacia el otro y sus argumentos, movidos por un afán de pluralismo, tolerancia y aceptación de las diferencias".

Pero como no es eso lo que predomina, quienes apuestan por eliminar los comentarios tienen muchos alegatos en contra de lo que se ha dado a llamar ciberdemocracia. Como ejemplo, vale el comentario del mexicano José Antonio Aguilar Rivera en el artículo titulado “Crítica del ciberdemocratismo”.


“Hagamos un experimento: tomemos, de cualquier diario que practique el ciberdemocratismo, 100 notas al azar y cataloguemos los comentarios. Veremos, me atrevo a aventurar, que en general el alegato ramplón reina soberano. La norma es la falta de civilidad en estas discusiones. Los comentarios civiles que apelan a la razón son los menos.
En lo que hace a la forma, las entradas generalmente son breves, están mal escritas, con pésima ortografía y sintaxis. Algunas son verdaderas joyas, muestras de un haiku de la ignorancia. Aunque la mayoría de los diarios amenaza con borrar comentarios obscenos o injuriantes, en la práctica casi ninguno lo hace. Y así sus páginas semejan un muro cibernético, cubierto de estridente graffiti.
En el corazón de este fenómeno hay una creencia que funda el democratismo: todas las expresiones son iguales y todas, hasta la más absurda, deben ser escuchadas con el mismo respeto. Todos tenemos derecho, no sólo a expresarnos, sino a ser publicados. Es un padecimiento de las democracias nuevas. La libertad de expresión no implica que todas las expresiones merezcan o deban publicarse”.
 Parte de la argumentación en contra de la ciberdemocracia  agrega otra idea importante: la abundancia de críticas destructivas, insultos, descalificaciones y hasta difamaciones, amenazas e injurias, tergiversa la labor periodística, pues el lector más que informarse tiende a confundirse mucho más. 






Al respecto, existe un estudio científico realizado por la Universidad de Wisconsin en Madison, que llegó a la conclusión de que los comentarios groseros escritos por los usuarios de las páginas web de noticias pervierten el mensaje original que el autor quiere comunicar y confunden a los demás lectores. 


“De acuerdo al estudio que involucró a 1.183 participantes que leyeron los comentarios publicados en un blog de ciencia hecho para la ocasión, aquellos voluntarios expuestos a los comentarios rudos y negativos terminaron formándose opiniones mucho más polarizadas que aquellos que habían leído el otro tipo de opiniones”. 


Entonces ¿qué hacer con los comentarios?

La discusión en torno a qué hacer con los comentarios en los medios digitales llega entonces a niveles éticos e incluso legales. Todo indica que si los comentarios son parte fundamental del periodismo digital, los medios no deben desentenderse de la moderación de comentarios sino jugar un rol más activo en su regulación. 


Se insiste en volver a la moderación y en establecer parámetros legales que obliguen a los medios a responsabilizarse de los comentarios publicados en su sitio. Sobre ello, ya hay experiencias judiciales en Europa (en Estonia el sitio de noticias denominado Delfi, fue condenado por los comentarios de sus lectores en una información).

Para el comunicador español José Manuel Rodríguez, editor de medios sociales de El Confidencial, se trata de tres responsabilidades: la ética (nada de insultos y amenazas en los comentarios), la legal (no pueden existir comentarios constitutivos de delitos como amenazas o revelación de datos confindenciales), y la estética (que los comentarios aporten valor a la conversación). 

Según los aportes de los investigadores, la labor de moderación por parte de los medios pasa entonces a una nueva etapa, que incluye el uso de aplicaciones especializadas en filtrar y eliminar cierto tipo de comentarios, junto a la creación  de mecanismos para educar a la comunidad de lectores sobre la crítica y el debate constructivo. 

El objetivo final es lograr la autorregulación por parte de los mismos comentaristas, quienes serían los encargados de evitar la participación de la crítica destructiva. 

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Fuentes consultadas:

  • https://www.xataka.com/especiales/la-transformacion-de-los-comentarios-en-medios-online-la-conversacion-evoluciona
  • http://revistacaracteres.net/revista/vol2n2noviembre2013/comentario-digital/
  • https://www.xataka.com/especiales/la-transformacion-de-los-comentarios-en-medios-online-la-conversacion-evoluciona
  • http://cronicaz.com.ar/2014/04/30/llego-el-fin-de-los-comentarios-en-los-medios-digitales/